Hay paredes que simplemente delimitan una tienda y otras que forman parte activa de ella. Exponen el producto, incorporan luz, ordenan categorías, sostienen una campaña o hacen reconocible una marca incluso antes de acercarnos a ella.
En el retail, esa segunda función puede materializarse en un backwall. Una pieza que podría ocupar de forma inerte el fondo de un espacio comercial, pero que al contrario asume simultáneamente funciones expositivas, estéticas, técnicas y de comunicación. Precisamente por eso, diseñar un backwall exige pensar mucho «más allá de la pared».
Cuando una pared empieza a trabajar para la marca
El backwall, como una estructura vertical integrada dentro del mobiliario comercial, puede incorporar elementos como: baldas, vitrinas o soportes para productos. Asimismo, puede incorporar iluminación, elementos gráficos, logotipos, pantallas, almacenamiento o diferentes recursos expositivos. La combinación depende de cada proyecto.
En una perfumería, por ejemplo, puede reunir fragancias y testers bajo una misma identidad visual. En un corner de moda puede integrar producto e imagen de campaña. En un espacio multimarca, puede delimitar el territorio de una firma sin necesidad de levantar paredes físicas.
Su interés reside precisamente ahí. En una misma superficie se pueden resolver varias necesidades del espacio sin que el cliente perciba la complejidad que existe detrás. Por eso, aunque habitualmente hablemos de ellos por separado, exposición, diseño, iluminación y branding empiezan a formar parte de una misma decisión.
¿Dónde tiene sentido incorporar un backwall?
Los encontramos con frecuencia en perfumería y cosmética, donde permiten organizar categorías como fragancias, maquillaje o skincare e integrar producto, testers, visuales e iluminación en una superficie relativamente reducida.
También son habituales en joyería y relojería como complemento de vitrinas y mostradores; y en moda y accesorios, donde pueden combinar prendas, complementos, imágenes de campaña y elementos identificativos.
Su función resulta especialmente interesante en grandes almacenes y establecimientos multimarca, en pop-up stores o en stands efímeros. En estos espacios, diferentes firmas conviven dentro de un entorno común y necesitan construir un territorio visual reconocible.
El backwall puede contribuir a crear esa frontera sin aislar la marca del conjunto aunque esto no significa, necesariamente, que cualquier espacio retail necesite uno. Su incorporación debe responder a las necesidades de exposición, circulación, identidad y distribución de cada proyecto. Si la pieza no aporta una función clara al conjunto, ocupar una pared con ella difícilmente mejorará la experiencia.
Una superficie, muchas funciones
Una de las particularidades del backwall es su capacidad para concentrar funciones sin multiplicar el mobiliario.
Puede convertirse en punto focal y dirigir la mirada hacia una colección determinada u ordenar distintas familias de producto. Además, puede aprovechar superficies verticales que de otra forma quedarían infrautilizadas o integrar elementos de comunicación sin añadir nuevos soportes al espacio.
También puede ayudar a construir jerarquías, ya que no todos los productos necesitan tener el mismo protagonismo. Tampoco, todas las zonas de una tienda deben reclamar simultáneamente la misma atención. Mediante volúmenes, alturas, iluminación, materiales y espacios vacíos, el backwall permite establecer diferentes niveles de lectura.
En un entorno multimarca se suma otra función y es hacer reconocible una firma dentro de un lenguaje arquitectónico que no le pertenece completamente. Un buen diseño consigue resolver todo esto sin que la estructura termine compitiendo con aquello que pretende mostrar.
Diseñar desde el producto, no desde la pared
Antes de decidir materiales, acabados o iluminación hay una pregunta bastante más sencilla: ¿qué tiene que suceder delante de ese backwall?
La respuesta es que el producto condiciona las dimensiones, alturas, profundidad de las baldas, resistencia y forma de exposición. Un perfume plantea necesidades diferentes a un bolso, una joya o una prenda.
Y después, aparece el espacio. Es decir, la altura disponible, las dimensiones, los recorridos del cliente y la relación con mostradores, góndolas o vitrinas determinan cuánto protagonismo puede asumir la estructura.
Pero, por sobre todas las cosas, el backwall debe hablar el lenguaje de la marca. Colores, geometrías y acabados pueden hacer reconocible su identidad. Aunque ello no sea necesariamente reproducirla de manera literal en cada centímetro.
Al final, queda una última capa, menos visible pero igualmente importante: la funcionalidad. Cableado, iluminación, pantallas, almacenamiento, reposición, testers o accesos técnicos deben estar previstos desde el diseño.
Cuando todas estas decisiones se resuelven correctamente, el cliente muy probablemente no repara en ellas. Simplemente encontrará el producto donde espera encontrarlo y podrá interactuar con él con naturalidad.
Materiales e iluminación: acompañar al producto sin competir con él
Madera y derivados, metal, vidrio, superficies técnicas, lacados y elementos gráficos. Las posibilidades de los backwalls son enormes, pero disponer de muchas opciones no significa que deban utilizarse todas. O sea, la selección de materiales debe responder al producto, al uso previsto y a la identidad de marca.
Una superficie puede aportar calidez o precisión, reflejar la luz o absorberla, generar contraste o prácticamente desaparecer para ceder protagonismo al producto. También debe soportar limpieza, manipulación, reposiciones y el desgaste asociado al funcionamiento cotidiano del punto de venta.
La iluminación funciona de manera similar. Los sistemas LED, la retroiluminación de logotipos o la integración de puntos de luz permiten destacar determinadas zonas y construir profundidad. Aun así, su función no debería reducirse a llamar la atención. Iluminar, iluminar bien, también es establecer una jerarquía.
Producto, materiales, gráfica y luz tienen que funcionar como partes de una misma composición. Cuando uno de ellos intenta imponerse al resto, el equilibrio se pierde.
Un backwall para una campaña no se diseña como uno para diez años
La duración prevista también cambia las reglas del juego. Un backwall temporal puede acompañar un lanzamiento, una campaña, una promoción o una implantación estacional. Uno permanente tendrá que convivir durante años con el funcionamiento cotidiano de la tienda.
Eso condiciona materiales, resistencia, sistemas constructivos, montaje, mantenimiento y posibilidades de actualización. Aquí hay que tener algo claro, temporal no debería significar necesariamente desechable.
Diseñar pensando desde el principio en desmontaje, separación de materiales, actualización de gráficas o reutilización de determinados componentes permite prolongar la vida útil de parte de la estructura y reducir residuos.
La sostenibilidad también puede estar en esas decisiones poco visibles: utilizar únicamente el material necesario, seleccionar alternativas recicladas o reciclables cuando sean adecuadas y pensar qué ocurrirá con cada elemento cuando deje de cumplir su primera función.
Del diseño a la fabricación e instalación de un backwall a medida
Cuanto más sencillo parece el resultado final, más fácil es olvidar todo lo que ha tenido que resolverse antes. Un backwall pasa del concepto al desarrollo técnico; de ahí, a la selección de materiales y fabricación. Después llegan la integración de iluminación y gráfica, los acabados, la logística y finalmente el montaje en el punto de venta.
Cuando estas etapas se trabajan de forma coordinada, las decisiones tomadas durante el diseño pueden mantenerse hasta la instalación final sin perder coherencia por el camino.
Aluma3 cuenta con experiencia en el desarrollo de backwalls y con fabricación in-house para abordar cada proyecto a medida, desde su planteamiento técnico hasta su instalación. Una forma de trabajar en la que la calidad de ejecución convive con la selección responsable de materiales sostenibles, reciclados y reciclables, siempre de acuerdo con las necesidades reales de cada pieza.
Porque no existe un backwall válido para cualquier tienda, del mismo modo que no existe un único producto, espacio o identidad de marca.
Cuando está bien diseñado, apenas necesita explicar todo lo que hace. Ordena, ilumina, identifica, expone y acompaña al producto. Y convierte una superficie que podría haber sido simplemente una pared en una parte activa de la experiencia retail.
Cada proyecto empieza con una necesidad distinta
En Aluma3 trabajamos con marcas que buscan transformar sus espacios retail mediante soluciones de mobiliario a medida, adaptadas a su identidad, producto y punto de venta.
